La experiencia del padre de una niña problemática

guia para padresEsta serie de artículos parte de una carta de agradecimiento que me escribió un padre que lleva alrededor de dos años tratándose con nosotros en el gabinete Fácilmente, la versión física de Psicopedagogía en Casa.

En principio, su objetivo era servir de testimonio para nuestras webs, pero, describe de forma tan exacta el proceso de asumir un rol protagonista y formarse para ayudar a los hijos a superar los obstáculos, que he pensado que compartirlo, va a ayudar a muchos otros padres que están pasando por situaciones similares. Jenny Guerra, Coordinadora y alma máter de Facilmente,  me pide que relate brevemente mi experiencia personal y los esfuerzos realizados para poder corregir la conducta de mi hija Elena –vamos a llamarla Elena- de nueve años. Me siento halagado por esta petición, porque de alguna manera me está pidiendo que exponga mi caso como ejemplo  y eso me hace sentir bien.

Deseo que mi experiencia sea para todos un ejemplo de esperanza, tan necesaria para perseverar en el esfuerzo -sin esforzarnos no conseguimos nada-. Doy por sentado que todos los padres que puedan leer esto están unidos a mí por ese esfuerzo imposible que somos capaces de hacer en determinadas etapas para conseguir que nuestros hijos sean felices y mejores. Desde aquí quiero animarles a todos a perseverar sin decaer  por el influjo pernicioso de los fracasos que a todos nos esperan en el camino.

La razón de buscar ayuda psicopedagógica

En noviembre de 2009 mi situación familiar era insostenible, con una hija de siete años que manifiesta un carácter irascible, lleno de arranques , con baja autoestima y un absoluto menosprecio de mi papel como padre. Yo achacaba la situación principalmente a la mala relación que teníamos y tenemos entre nosotros, los dos progenitores  de Elena, a pesar de que llevamos separados varios años. Más tarde vendría a descubrir que  había además otros factores que ayudaban a complicar aún más la situación, tales como el hecho de que la niña fuera, con toda probabilidad, talentosa. En este enredado universo navegaba cuando di  con el gabinete psicopedagógico Facilmente.

Para ayudar a los hijos hay que empezar por uno mismo 

Acudí a ellos en busca de ayuda. Los primeros esfuerzos para deshacer toda esta madeja de malestar y desorden emocional en que se había convertido el mundo de mi hija se centraron en mí mismo, en conseguir una relación más equilibrada con los problemas que me rodean, especialmente los que me originaba la madre. Por ejemplo, el comportamiento despectivo hacia mí que la madre  me dispensaba se trasladó a mi hija por efecto espejo, de tal manera que cualquier cosa que yo hiciera por ella no se valoraba en absoluto. Mi hija era incapaz de verme aún estando frente a ella.

Durante ese periodo inicial  fue cuando llegamos a la conclusión de que la niña era talentosa y de que, como tal,  tiene unos problemas específicos de comportamiento. En rasgos generales se podría decir que en ese momento Elena  era una niña con muy baja autoestima, que se hundía aún más cuando hacía las cosas mal. Era tremendamente competitiva, lo cual la llevaba a padecer numerosos enfados y pataletas. “soy una mierda, siempre acabo fastidiándolo todo, no sé hacer las cosas bien” serían algunos  de sus llantos preferidos en sus peores momentos.

Cambiar la conducta en niños, no es fácil

Allá por el mes de febrero de 2010 comenzamos las sesiones de terapia en familia así como otras sesiones orientadas a  mejorar la autoestima y la sociabilidad de Elena.  Durante el curso escolar 2009/2010 la niña tiene un comportamiento irregular en la clase, con pataletas cabreos y bajonas, de tal manera que llama la atención de profesores y alumnos. Digamos que fue un año de trabajo duro para mí,  un año de esfuerzos continuados.

Se trata de un período en el que tuve que reconducir mi relación con mi hija para dejar de ser el mayordomo  sobreprotector al  que no se le valora nada en absoluto, tuve también que encontrar la manera de reconducir las conductas erróneas de mi hija sin ser punitivo, sin usar el chantaje emocional que tanto nos gusta a los padres, centrándome únicamente en que mi hija asumiera las consecuencias directas de sus propios actos.

Ninguno de esos cambios los hubiera conseguido sin la ayuda de todos los miembros que conforman el gabinete psicopedagógico, sin ellos no hubiera tenido estas metas, ni tampoco los recursos adecuados para ponerlas en funcionamiento.

Bueno, esta historia es más larga y más interesante, pero por razones de espacio, la hemos organizado en diferentes fragmentos. En el próximo artículo de esta serie, el padre que narra su experiencia, nos hablará de la importancia de utilizar la disciplina positiva, y los beneficios que ella aporta no sólo a la vida de su hija, sino a la suya propia.

Para aquellos padres que se esfuerzan cada día,

Jenny

www.PsicopedagogiaenCasa.com

 

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